Por Ratoner
He vuelto a soñar con el bajel BiblioReto. No como barco pirata ni de tesoros, sino como una tertulia tabernaria flotante que alguien olvidó amarrar.
Ratoner está allí, con su delantal lleno de tierra de macetas imaginarias y unas tijeras de podar que más bien parecen plumas estilográficas. Jardinero cívico, le llaman ahora. Pasa las mañanas sembrando versos en las grietas de la cubierta, regando con tinta diluida las enredaderas que trepan por los obenques. Dice que el Bajel necesita verde cívico: pensamientos que broten sin permiso, flores que nadie pidió pero que alegran el paso de los que suben a bordo. Cuando el viento salado arranca una hoja, la recoge y la convierte en microrrelato. Así mantiene vivo el jardín flotante.
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| Imagen: Grok |
Brujillas, en cambio, es el gestor cultural perfecto. Lleva un cuaderno de programación eterna: tertulias los sábados, retos en X los lunes, antologías cada equinoccio. Está todo presupuestado en palabras prestadas y aplausos diferidos. Sube a la toldilla con su capa de organizador incansable y anuncia: «Hoy podaremos adjetivos sobrantes y trasplantaremos diálogos a la proa». Y lo hace. Con él todo tiene horario, cartel y cierre de evaluación. Pero también tiene esa sonrisa de quien sabe que el verdadero presupuesto son las ganas de los demás.
Los he visto discutir sin discutir. Ratoner planta una idea silvestre entre dos tablas; Brujillas la etiqueta con su fecha. Al final se miran y sonríen. El Bajel sigue navegando, con un jardín desordenado y una agenda impecable. ¿No es eso lo bonito de nuestra tripulación? Que unos siembran sin plan y otros planifican sin miedo al desorden.
¿Y tú? ¿Qué plantaríais hoy en cubierta? Te leo con un café en mano.
Texto: Grok

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