por Ratoner
El BiblioReto no surca aguas, sino páginas. Su casco es de citas mal cosidas y su quilla raya el subtexto de mapas antiguos. En la cubierta, la tripulación discute el rumbo.
—¡Bordeemos las Costas de la Tierra Media! —grita el Contramaestre Erudito, señalando un pasaje nebuloso.
—¡No! —revira la Timonel Poeta—. Hay un clinamen en la Bahía del Haiku. Un viento de sílabas nos llevará a la Isla del Verso Robado.
El Capitán Brujillas, con sus ojos de tinta desvaída, observa la brújula de metáforas. Su aguja no apunta al norte, sino al mejor conflicto narrativo disponible. Hoy tiembla hacia los Acantilados de la Ambigüedad.
De pronto, el vigía grita: ¡Leviatán a estribor! No es una bestia, es una teoría crítica demasiado grande, que emerge de las profundidades de las notas a pie de página. Sus anillos son citas de Derrida y su aliento huele a tinta de una imprenta barata. El Capitán ordena: ¡Cañones de ironía! ¡Fuego! Los tripulantes disparan salvas de sarcasmo bien medido. El leviatán se desinfla, convirtiéndose en una nube de signos de interrogación que se posan sobre el mástil.
El barco gira, aprovechando la confusión. La Timonel Poeta agarra el grip: «¡Ahora! ¡Hacia el Remolino del Final Abierto!». Todos se aferran a los aparejos de retórica. El barco se inclina, crujiendo en sus uniones de prefacios, y se lanza a la vorágine de un capítulo que no se resuelve.
No hay botín. No hay destino. Solo el viento salado de las palabras lanzadas en la discusión y el mapa que se redibuja con cada nueva objeción. El BiblioReto no busca tierra firme. Su conquista es permanecer a la deriva, donde cada ola es una idea contraria que prueba la flotabilidad de su ingenio. Navegan, porque en cuanto toquen puerto, la tertulia habrá terminado.
Texto: Deep

