Por Ratoner
He vuelto a soñar con el bajel BiblioReto. No como barco pirata ni de tesoros, sino como una tertulia tabernaria flotante que alguien olvidó amarrar.
Ratoner está allí, con su delantal lleno de tierra de macetas imaginarias y unas tijeras de podar que más bien parecen plumas estilográficas. Jardinero cívico, le llaman ahora. Pasa las mañanas sembrando versos en las grietas de la cubierta, regando con tinta diluida las enredaderas que trepan por los obenques. Dice que el Bajel necesita verde cívico: pensamientos que broten sin permiso, flores que nadie pidió pero que alegran el paso de los que suben a bordo. Cuando el viento salado arranca una hoja, la recoge y la convierte en microrrelato. Así mantiene vivo el jardín flotante.
